Cierra los ojos un momento. Acabas de bajar del avión, con la mochila a la espalda, rodeado del inconfundible bullicio del aeropuerto de Schiphol. Si es tu primera vez en los Países Bajos, es totalmente normal sentir una mezcla de adrenalina pura y un ligero nerviosismo. Pero respira hondo: estás a punto de descubrir una de las ciudades mejor comunicadas del planeta.